Ataques israelíes apuntan a la cúpula del poder iraní en Teherán
Bombardeos israelíes lanzados en la madrugada del sábado tuvieron como objetivo a algunos de los principales dirigentes políticos y militares de Irán, según fuentes israelíes citadas por medios internacionales. Entre los blancos mencionados figuran el líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, y el presidente Masoud Pezeshkian, en una operación que apunta directamente al núcleo del poder en la República Islámica.
Las mismas fuentes señalaron que la ofensiva también incluyó al jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes, el general Abdolrahim Mousavi, así como a Ali Shamkhani, secretario del recién creado Consejo de Defensa, y a Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. La serie de ataques coordinados habría buscado afectar centros de mando y figuras clave en la toma de decisiones.
Autoridades israelíes citadas por medios locales y extranjeros indicaron que aún se evaluaban los resultados y que no estaba claro si alguno de los dirigentes señalados había muerto o resultado herido. Informes televisivos en Israel, difundidos bajo normas de censura militar, calificaron la operación como un éxito significativo contra la estructura de liderazgo iraní, sin ofrecer pruebas concretas sobre el destino de personas específicas.
Medios iraníes vinculados al Estado, entre ellos Tasnim, desmintieron que altos cargos hubieran sido alcanzados. Según esa agencia, el presidente Pezeshkian se encontraba en buen estado de salud y varios responsables fueron trasladados a lugares seguros antes de los bombardeos.
De acuerdo con estos reportes, misiles y municiones de precisión impactaron zonas cercanas al complejo de oficinas de Khamenei en el centro de Teherán y áreas relacionadas con la presidencia. También fueron atacados decenas de puntos vinculados a los programas militar, misilístico y nuclear de Irán. Testigos en la capital informaron de explosiones y columnas de humo en sectores fuertemente vigilados, mientras las autoridades cerraban accesos y desplegaban equipos de emergencia.
Fuentes israelíes presentaron la ofensiva como parte de una estrategia para alterar la cadena de mando en Teherán y advertir sobre las consecuencias de la política regional y el desarrollo de misiles iraníes. Funcionarios iraníes condenaron los ataques como un intento de descabezar al Estado y prometieron una respuesta contundente, aunque sin detallar posibles daños en las instalaciones estratégicas.
Especialistas señalaron que, incluso si los máximos dirigentes no resultaron afectados, el hecho de que se haya reconocido públicamente que fueron objetivos directos supone una escalada relevante. La incertidumbre sobre el alcance real de los daños aumenta la tensión regional mientras Irán evalúa sus próximos pasos y varios gobiernos extranjeros piden moderación.
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