Desconectarse para reconectar con la realidad
Una reflexión reciente compartida por el comunicador marroquí Adil Belhajjam ha reactivado el debate sobre la fatiga mental, la sobrecarga digital y el costo de la conectividad permanente. Publicado junto a imágenes de las Maldivas, su mensaje va más allá de la estética del viaje y aborda una preocupación psicológica creciente vinculada al consumo moderno de contenidos.
En el centro de su planteamiento se encuentra lo que los especialistas describen como sobrecarga cognitiva provocada por la exposición excesiva a contenidos rápidos y negativos. El desplazamiento constante por noticias y redes sociales somete al cerebro a un estrés continuo. Estudios científicos relacionan este patrón con un aumento del cortisol y una alteración del sistema de recompensa de la dopamina, mecanismos que afectan directamente la concentración, el equilibrio emocional y la capacidad de sentir placer real.
Belhajjam presenta su alejamiento temporal de las pantallas no como una huida, sino como un regreso a lo esencial. La luz natural, el espacio abierto, el silencio y la presencia consciente aparecen como herramientas para recuperar el ritmo mental. Esta visión coincide con investigaciones en neurociencia y psicología que demuestran que reducir el tiempo frente a pantallas y aumentar el contacto con entornos naturales mejora la claridad cognitiva y la regulación emocional.
Un elemento central de su mensaje aborda una paradoja contemporánea. El descanso se ha asociado con la culpa. La cultura de la productividad y el flujo constante de información alarmante han normalizado el agotamiento, a menudo confundido con conciencia o compromiso. La fatiga mental, sin embargo, no equivale a lucidez. Es una señal de desgaste. La exposición prolongada a ciclos de noticias negativas aumenta la ansiedad y reduce la resiliencia, especialmente en contextos sociales y económicos frágiles.
La reflexión incorpora también una dimensión cultural y espiritual. La calma psicológica, la gratitud y la presencia se presentan como estados protectores frente al desaliento y la confusión mental. En este enfoque, la serenidad no es evasión pasiva, sino una forma activa de preservación personal. El teléfono, sostiene, debe seguir siendo una herramienta y no una fuerza que absorba atención y tiempo.
Al expresar estas ideas de forma pública, Belhajjam se posiciona como una voz que dialoga con una preocupación colectiva. Su mensaje conecta con profesionales, consumidores de medios y jóvenes que viven en un entorno permanentemente conectado. Plantea una recalibración, no un rechazo de la tecnología, y defiende un uso consciente para proteger la salud mental.
La implicación es clara. Disfrutar de la vida, buscar la belleza y permitir que la mente descanse no son actos de egoísmo. Son condiciones necesarias para la claridad, la empatía y una relación sostenible con la realidad. En una era dominada por pantallas, elegir la presencia se convierte en una forma silenciosa de resistencia.

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