Trump pide un levantamiento iraní mientras sigue sin definirse una salida política
El llamado de Donald Trump a que los iraníes derroquen a sus dirigentes tras la muerte del líder supremo Ali Jamenei ha abierto una nueva fase de incertidumbre en Oriente Medio, sin que Washington haya presentado un plan claro para un eventual cambio de régimen. En un mensaje en video difundido mientras aviones de Estados Unidos e Israel bombardeaban posiciones clave en Irán, el presidente exhortó tanto a la población como a las fuerzas de seguridad a “recuperar su gobierno” cuando terminen los ataques, prometió “inmunidad total” a quienes abandonen al sistema y advirtió de una “muerte segura” a quienes sigan combatiendo. Netanyahu y el príncipe heredero en el exilio Reza Pahlavi reforzaron públicamente ese mensaje y describieron la ofensiva aérea como una oportunidad histórica para que los iraníes tomen el control de su país.
El discurso llega tras una ola de protestas iniciada a finales de diciembre de 2025, reprimida con una violencia que dejó miles de muertos según organizaciones de derechos humanos y fuentes occidentales. Aquellas movilizaciones pusieron a prueba al aparato de seguridad, pero no lograron fracturarlo, y la respuesta de Trump se limitó entonces a sanciones adicionales y declaraciones de apoyo simbólico. Tras la operación del 28 de febrero, en la que murieron Jamenei y varios altos mandos, el presidente ha asegurado que los bombardeos seguirán “durante toda la semana o el tiempo que sea necesario” y ha presentado el momento actual como la “mayor oportunidad” para un cambio de régimen en la República Islámica.
Sin embargo, la Casa Blanca ha dado pocas pistas sobre qué tipo de orden político desearía ver emerger en Irán ni qué actores locales podrían asumir el poder. Trump ha descartado enviar tropas estadounidenses al terreno y su vicepresidente, JD Vance, ha insistido en que Washington no pretende quedar atrapado en una guerra prolongada. Para muchos especialistas, esta combinación de objetivos ambiciosos y recursos limitados abre una brecha difícil de salvar. Exresponsables del Pentágono señalan que los ataques aéreos pueden matar líderes y destruir infraestructuras, pero no desmantelan por sí solos un sistema de poder mientras sus fuerzas de seguridad y sus instituciones centrales sigan cohesionadas.
Expertos en ciencia política y analistas regionales cuestionan que el contexto interno favorezca una insurrección rápida. Describen una oposición desorganizada, atravesada por divisiones ideológicas y generacionales, frente a un Estado que ha demostrado en repetidas ocasiones su disposición a usar fuego real contra manifestantes. Ali Vaez, del International Crisis Group, advierte que la población iraní está desarmada y se enfrenta a uno de los aparatos represivos más sólidos de la región, por lo que una campaña aérea, aun exitosa en términos militares, no genera automáticamente una alternativa política capaz de gobernar un país de más de 80 millones de habitantes. Otros recuerdan las experiencias de Libia y Kosovo como ejemplos de intervenciones que debilitaron a los regímenes pero dejaron tras de sí vacíos de poder e inestabilidad prolongada.
Las primeras señales sobre el terreno apuntan a una reacción social contenida y desigual. Los medios oficiales iraníes confirmaron la muerte de Jamenei el 1 de marzo y anunciaron cuarenta días de luto, con grandes concentraciones de duelo organizadas por el Estado. Paralelamente, cadenas como NBC News han verificado escenas de celebración discreta, entre ellas bocinazos en la ciudad norteña de Shahsavar y la demolición de un monumento dedicado al ayatolá Ruhollah Jomeini en el sur del país. Pese a ello, no se han registrado protestas masivas comparables a la última oleada de movilizaciones, y muchos opositores que sufrieron la represión de enero han optado por permanecer en casa, lo que ha generado en Teherán un clima de tensa espera.
Las autoridades, por su parte, se han apresurado a mostrar que el sistema sigue en pie. El alto responsable de seguridad Ali Larijani anunció la creación de un consejo de liderazgo provisional, previsto en la Constitución, que gestionará la transición y supervisará la designación del próximo líder supremo, señal de que la Guardia Revolucionaria, los servicios de inteligencia y la burocracia continúan operativos. Para muchos observadores, la situación evoca el precedente de Irak en 1991, cuando el llamado de George H. W. Bush a los iraquíes para que se levantaran contra Sadam Husein desembocó en sublevaciones kurdas y chiíes que fueron finalmente aplastadas. Ese recuerdo alimenta el temor de que un levantamiento prematuro en Irán, sin garantías externas claras ni una oposición organizada, pueda terminar en otra matanza en lugar de en una ruptura definitiva con el régimen.
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