Reacciones divididas en Irán tras la muerte de Jamenei
La muerte del líder supremo Ayatolá Ali Jamenei en bombardeos coordinados de Estados Unidos e Israel ha dejado a Irán atrapado entre la esperanza de cambio y el temor a una nueva oleada de represión y guerra. Mientras los medios estatales insisten en un discurso de duelo nacional, muchos iraníes describen sentimientos encontrados: alivio por el fin de un dirigente considerado responsable de décadas de abusos, y miedo ante una ofensiva militar extranjera que castiga al país entero. Un estudiante en Babol afirmó que no sabe si alegrarse por la desaparición de “criminales” o guardar silencio frente a una campaña bélica dirigida por potencias extranjeras. En Teherán, un comerciante resumió el clima como una mezcla de calma forzada, terror, alegría contenida y luto oficial, bajo una fuerte presencia de fuerzas de seguridad.
Donald Trump, quien confirmó la muerte de Jamenei en Truth Social, llamó después a los iraníes a resguardarse durante los ataques y luego “retomar” el control del país cuando cesen los bombardeos, presentando este momento como una oportunidad histórica para derribar al sistema clerical. Sin embargo, analistas y ciudadanos iraníes dudan de que se pueda desencadenar una insurrección masiva mientras el aparato coercitivo del Estado se mantiene intacto. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y la milicia Basij siguen desplegados en las principales ciudades y han prometido defender el orden instaurado tras la revolución de 1979, incluso mientras un consejo provisional asume temporalmente funciones de liderazgo. Evaluaciones previas de la CIA ya advertían de que, en un escenario de crisis, la opción más probable era una concentración del poder en manos de la Guardia Revolucionaria, no una transición democrática. Con los ataques aéreos en curso y amplios dispositivos de seguridad en Teherán y otras urbes, las calles permanecen en gran parte vacías y sin señales de la oleada revolucionaria imaginada por Trump.
En paralelo, las imágenes que salen de Irán muestran un país fracturado en su respuesta. La televisión estatal retransmite marchas de duelo en ciudades como Yazd, Shiraz o Tabriz, con multitudes vestidas de negro y consignas contra Estados Unidos, mientras testigos hablan de celebraciones discretas en barrios de Teherán, Karaj e Ispahán, donde algunos tocaron el claxon, encendieron fuegos artificiales o derribaron símbolos del régimen. Varios iraníes dijeron a medios internacionales que se sienten contentos por la caída del líder supremo pero incapaces de imaginar un futuro inmediato distinto, con el país sometido a bombardeos y las fuerzas de seguridad listas para aplastar cualquier desafío organizado. Muchos esperan ahora para ver si la lucha por el poder en Teherán, la presión militar exterior y las decisiones de la Guardia Revolucionaria abren un espacio real para el cambio político o consolidan una nueva fase de gobierno aún más militarizado.
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