China prueba motor híbrido pensado para drones de combate más furtivos
China ha realizado pruebas en vuelo de un sistema de propulsión híbrida concebido para hacer que los pequeños drones de combate sean más silenciosos, más difíciles de detectar y capaces de volar distancias mayores, según un reportaje emitido el viernes por CCTV‑7, el canal de televisión militar chino. El sistema, de unos 60 kilovatios y probado en diciembre, combina propulsión a combustible con propulsión eléctrica para resolver un dilema clásico en el diseño de drones. Los aviones no tripulados con motores de combustión ofrecen buen rendimiento y larga autonomía, pero generan mucho ruido y calor; los drones más pequeños alimentados por batería son más discretos, pero suelen quedar limitados por una autonomía de vuelo reducida.
El grupo híbrido genera electricidad a partir de combustible durante el vuelo y luego permite al drone pasar a un modo eléctrico silencioso cuando la discreción es prioritaria, explica el South China Morning Post, citando la emisión de CCTV‑7. Esta capacidad bimodal permitiría a los drones pequeños cubrir trayectos más largos conservando bajos niveles de ruido y una huella térmica reducida, características que podrían dificultar su localización e intercepción en el campo de batalla. El sistema lo desarrolla Sichuan Tianfu Light Power Technology, empresa respaldada por el Estado que ya presentó el motor híbrido junto con dos turbojets durante una conferencia industrial sobre la economía de baja altitud a finales de 2024. La firma, que opera bajo el paraguas de la Aero Engine Corporation of China, trabaja en la comercialización del sistema híbrido y de un turbojet más grande de 600 kilogramos‑fuerza.
Estas pruebas forman parte de un esfuerzo más amplio de China para reforzar sus capacidades aéreas no tripuladas. En febrero, el país hizo volar en Chongqing el CH‑YH1000S, presentado como el primer dron de carga híbrido del mundo, en marco de una colaboración entre el sector aeroespacial y la industria china de vehículos eléctricos. En diciembre, el dron furtivo de larga autonomía CH‑7 realizó su primer vuelo. A fines de marzo, los medios estatales mostraron en directo una demostración del sistema de enjambre Atlas, que permite a un solo operador dirigir hasta 96 drones coordinados mediante una cadena de destrucción guiada por inteligencia artificial.
Al mismo tiempo, un informe del Mitchell Institute publicado esta semana indica que Pekín ha estacionado más de 200 cazas J‑6 anticuados, convertidos en drones de ataque, en seis bases aéreas cercanas al estrecho de Taiwán. Los analistas señalan que estos aviones transformados funcionarían como misiles de crucero en una fase inicial de conflicto con Taiwán, buscando saturar las defensas aéreas obligando a emplear interceptores caros contra blancos baratos y desechables.
El avance en motores híbridos cubre un vacío específico: dar a los pequeños drones tácticos la autonomía de una plataforma a combustible sin sacrificar las ventajas furtivas del vuelo eléctrico. Mientras la guerra por drones se orienta hacia enjambres autónomos y estrategias de desgaste, la capacidad de operar en silencio y evadir la detección infrarroja podría volverse decisiva en un espacio aéreo disputado.
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