El oro cae mientras la tensión entre Estados Unidos e Irán presiona mercados
El precio del oro registró una nueva caída en medio de la escalada militar entre Estados Unidos e Irán y el reajuste de expectativas sobre la política monetaria estadounidense. El metal precioso retrocedió un 3,5 por ciento hasta 4.111,95 dólares la onza, su nivel más bajo desde el 23 de marzo. El descenso se produjo pese al aumento de los precios del petróleo, lo que reflejó un cambio en la percepción de los inversores.
El deterioro de la situación regional se intensificó tras nuevos ataques militares estadounidenses contra objetivos vinculados a Irán, en respuesta a la destrucción de un helicóptero militar. Teherán respondió con ofensivas con misiles y drones contra instalaciones estadounidenses en Jordania, Kuwait y Bahréin. Esta dinámica elevó el riesgo de una expansión del conflicto en una zona clave para el comercio energético global.
Los mercados financieros reorientaron su atención desde la demanda de activos refugio hacia las perspectivas de inflación y tipos de interés. Las expectativas apuntaron a un posible endurecimiento adicional de la política de la Reserva Federal, con una probabilidad del 67 por ciento de una subida de tipos en diciembre según datos de operadores. Los indicadores de inflación mostraron una subida mensual del 0,2 por ciento en mayo en su componente subyacente, tras el 0,4 por ciento de abril, mientras los datos de precios industriales se mantienen bajo observación.
El petróleo reaccionó con fuertes avances ante el temor a interrupciones en el suministro, especialmente en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20 por ciento del crudo mundial. El Brent se situó cerca de los 94 dólares por barril, impulsado por la preocupación de un bloqueo prolongado de la ruta marítima.
Los analistas señalan que, aunque el oro sufre presión a corto plazo, factores como la demanda de bancos centrales y la persistencia de la inflación siguen respaldando su valor en el largo plazo. El mercado se mantiene dividido entre riesgos geopolíticos y expectativas de endurecimiento monetario, lo que incrementa la volatilidad en materias primas y activos financieros.