Somaliland y Somalia se disputan a Estados Unidos con ofertas de bases y minerales
Somalilandia ha intensificado su campaña para estrechar lazos con Estados Unidos al proponer que Washington obtenga acceso exclusivo a sus recursos minerales y la posibilidad de instalar bases militares en su territorio, una maniobra que exacerba su competencia con Somalia por un lugar preferente en la estrategia estadounidense en el Cuerno de África. Khadar Hussein Abdi, ministro de la Presidencia de Somalilandia, aseguró en una entrevista que el gobierno de Hargeisa está dispuesto a ceder derechos privilegiados sobre depósitos de litio, coltán y otros minerales críticos, además de abrir la puerta a la presencia de fuerzas estadounidenses. Presentó esta oferta como un instrumento clave en la aspiración de Somalilandia a obtener reconocimiento internacional formal, después de más de tres décadas de autogobierno separado de Mogadiscio. Aunque la comunidad internacional sigue considerando la región como parte de Somalia, Somalilandia opera con instituciones propias, incluidos ejército, policía, moneda y documentos de viaje.
El giro se produce tras el anuncio del 26 de diciembre de 2025, cuando el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu declaró que Israel reconocía a la República de Somalilandia como Estado independiente y soberano, convirtiéndose en el primer país en dar ese paso. La decisión, presentada como coherente con el espíritu de los Acuerdos de Abraham, fue duramente criticada por la Unión Africana, la Unión Europea y varios países árabes que respaldan la integridad territorial de Somalia. A partir de este reconocimiento, las autoridades de Hargeisa han sugerido conceder a Israel un trato preferente sobre los recursos minerales de la región e incluso la posibilidad de establecer una presencia militar en su territorio. El gobierno somalilandés subraya el valor estratégico de su costa frente a Yemen, a la entrada del mar Rojo, en un contexto de ataques de los rebeldes hutíes contra la navegación y objetivos vinculados a Israel.
Mogadiscio ha reaccionado intentando consolidar su propia relación con Washington mediante ofertas de cooperación militar y económica que recuperan marcos de la era de la Guerra Fría. Un borrador de carta filtrado en 2025, dirigido por el presidente Hassan Sheikh Mohamud al presidente estadounidense Donald Trump, ofrecía a Estados Unidos “control operacional exclusivo” sobre las bases aéreas de Berbera y Baledogle, así como sobre los puertos de Berbera y Bosaso, con el argumento de reforzar la implicación estadounidense en la región. El contenido de esa carta reavivó la tensión con Somalilandia, ya que Berbera se encuentra en territorio administrado por Hargeisa, pese a que el gobierno federal somalí mantiene su reclamación de soberanía sobre toda la zona. Desde Somalilandia se calificó la iniciativa como peligrosa y engañosa, y se insistió en que cualquier país interesado en operar en Berbera debe negociar con las autoridades electas de la región, que afirman ejercer el control efectivo sobre el puerto y las infraestructuras circundantes.
Berbera, situada a orillas del gol de Adén, se considera un activo estratégico por su puerto de aguas profundas y por su cercanía a las rutas marítimas que conectan el mar Rojo con el océano Índico. La terminal está gestionada por el grupo emiratí DP World en virtud de un acuerdo con Somalilandia, lo que añade una dimensión del Golfo a la disputa por el acceso y la influencia en la zona. Las autoridades de Hargeisa sostienen que Estados Unidos conoce bien la realidad sobre el terreno y que, en caso de concretarse acuerdos logísticos o militares en torno a Berbera, tendrá que tratar directamente con Somalilandia y no sólo con el gobierno federal somalí. Paralelamente, Somalia ha tratado de reactivar un marco de cooperación militar de los años ochenta que otorgaba acceso a instalaciones somalíes a las fuerzas estadounidenses, presentando esa actualización como un elemento central de la lucha contra grupos extremistas y de la contención de potencias rivales en el corredor del mar Rojo.
La pugna se desarrolla en un entorno regional marcado por una fuerte competencia internacional. Estados Unidos ya dispone de su única base militar permanente en África en la vecina Yibuti, donde China también mantiene una instalación, lo que subraya la relevancia del Cuerno de África para las grandes rutas comerciales y las rivalidades entre potencias. Turquía ha ampliado su huella militar en Somalia, opera su mayor base en el extranjero en Mogadiscio, ha entrenado a miles de soldados somalíes y, mediante empresas turcas, gestiona tanto el aeropuerto como el principal puerto de la capital. En los últimos meses, Ankara ha desplegado cazas F-16 en el aeropuerto internacional Aden Adde, tras la construcción de nuevos hangares y capacidades de apoyo, con el objetivo declarado de proteger sus crecientes inversiones en los sectores energético y espacial y reforzar su influencia sobre el litoral del mar Rojo. Para analistas regionales, este despliegue se inscribe en una competencia más amplia en la que intervienen potencias occidentales, actores del Golfo e Israel, todos buscando asegurar acceso y peso político en uno de los principales cuellos de botella marítimos del mundo.
En este escenario, la dirigencia de Somalilandia intenta presentarse como un interlocutor más estable y cohesionado que el fragmentado panorama político somalí. Los responsables de Hargeisa argumentan que la persistente división entre las élites de Mogadiscio dificulta la adopción de decisiones duraderas sobre seguridad, puertos y concesiones de recursos, lo que la convierte en un socio menos fiable para acuerdos a largo plazo. Reivindican que una mayor cooperación con Somalilandia en materia de seguridad marítima, explotación de minerales estratégicos e infraestructuras contribuiría de forma más efectiva a proteger las rutas del mar Rojo y a contener las amenazas de grupos armados tanto en Yemen como en territorio somalí. Al cortejar simultáneamente a Washington y Jerusalén, Somalilandia apuesta a que el valor combinado de su posición geográfica y de sus recursos críticos le permitirá transformar ventajas de seguridad en reconocimiento diplomático, mientras Somalia intenta reafirmar su condición de único soberano reconocido sobre el territorio somalí.
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