Príncipe exiliado llama a los iraníes a prepararse para una nueva revuelta
El príncipe heredero iraní en el exilio, Reza Pahlavi, instó a la población a organizarse para un nuevo ciclo de protestas masivas tras el inicio de los bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel contra objetivos militares en varias ciudades de Irán. Presentó la ofensiva como una intervención humanitaria dirigida a las estructuras de seguridad y al aparato de represión de la República Islámica, y no contra la nación iraní. Según Pahlavi, los ataques externos solo abrirán una ventana de oportunidad y será la movilización interna la que determine si el régimen cae.
En un mensaje difundido en redes sociales, afirmó que la ayuda prometida por el presidente estadounidense ya se estaba materializando y que el liderazgo de Teherán se enfrentaba ahora a un serio desafío militar. No obstante, pidió a los iraníes permanecer en sus casas mientras duren los bombardeos y conservar su seguridad, subrayando que el regreso a las calles deberá producirse de forma coordinada y en el momento que él anuncie. Pahlavi aseguró que dará instrucciones específicas sobre cuándo y cómo iniciar lo que describió como la fase decisiva de la lucha contra el sistema islamista.
El príncipe dirigió un mensaje particular a las fuerzas armadas, la Guardia Revolucionaria y la policía, recordándoles que su obligación es proteger al país y a sus ciudadanos, no a los dirigentes que gobiernan en nombre de la República Islámica. Les pidió que se nieguen a disparar contra manifestantes y que se coloquen del lado de la población para gestionar una eventual transición política lejos del liderazgo del ayatolá Ali Jamenei. Advirtió de que quienes sigan defendiendo al régimen podrían hundirse con él si este se derrumba bajo la combinación de presión interna y ataques externos.
Los bombardeos coordinados comenzaron durante la noche y alcanzaron instalaciones en Teherán, Ispahán y otros puntos estratégicos vinculados a centros de mando, sistemas de defensa aérea y capacidades de misiles. Medios israelíes indicaron que la campaña fue bautizada como Rugido de León, mientras que el Pentágono la denominó Operación Epic Fury. Los objetivos incluyeron infraestructuras asociadas al programa de misiles balísticos iraní y unidades de la Guardia Revolucionaria, con el fin de debilitar de forma duradera la capacidad ofensiva de Irán.
El presidente estadounidense Donald Trump confirmó que se han iniciado operaciones de combate de gran envergadura y afirmó que los ataques buscan destruir arsenales, frenar la producción de misiles y golpear a la marina iraní. En un mensaje en video, advirtió de la posibilidad de bajas entre las fuerzas estadounidenses, pero defendió la ofensiva como una acción necesaria para impedir que Teherán avance en sus programas nuclear y de misiles. Trump llamó a los miembros de la Guardia Revolucionaria y a otras fuerzas a deponer las armas, ofreciéndoles inmunidad si se rinden y advirtiendo de que la alternativa sería afrontar una “muerte segura”.
Pahlavi solicitó a Washington y a sus aliados que extremen las precauciones para minimizar el riesgo para la población civil, insistiendo en que los iraníes que viven bajo el régimen son aliados naturales de las democracias. Aseguró que desea regresar al país en cuanto sea posible para acompañar a sus compatriotas en la reconstrucción de las instituciones una vez que el sistema actual haya sido desmantelado. Su llamamiento se produce después de semanas de negociaciones fallidas sobre el programa nuclear iraní y poco tiempo después de una represión interna que ha conmocionado a la opinión pública.
Documentos filtrados y análisis de Iran International apuntan a que, durante la represión de las protestas de enero, las fuerzas de seguridad mataron a más de 36.500 personas en solo dos días, lo que la convertiría en una de las masacres de manifestantes más letales registradas. Cálculos anteriores del mismo medio, basados en partes oficiales y datos hospitalarios, ya situaban el mínimo de muertos en unas 12.000 personas. El carácter masivo de las ejecuciones, reforzado por cortes de internet y el cierre de medios, ha alimentado las denuncias de la oposición en el exilio de que la República Islámica está dispuesta a emplear una violencia sin límites para conservar el poder.
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