Los choques climáticos y de Ormuz amenazan la seguridad alimentaria mundial
La combinación de un episodio de El Niño en formación y una inestabilidad prolongada en el estrecho de Ormuz está elevando la presión sobre los sistemas alimentarios globales. Los análisis internacionales apuntan a la interacción entre riesgos climáticos y tensiones geopolíticas como un factor que afecta la producción agrícola, el transporte de alimentos y los costes de acceso a productos básicos.
Las proyecciones meteorológicas sitúan la probabilidad de aparición de El Niño entre junio y agosto de 2026 en torno al 80 por ciento, con posibilidad de prolongación hasta inicios de 2027. Los modelos climáticos anticipan un episodio de intensidad moderada o superior. Este patrón suele provocar sequías, olas de calor y alteraciones en las lluvias, lo que reduce el rendimiento de cultivos esenciales. El arroz, base alimentaria en gran parte de Asia, figura entre los más expuestos a estas variaciones. Varios países productores ya han ajustado sus planes de siembra ante el aumento de costes energéticos y de fertilizantes.
En paralelo, el estrecho de Ormuz continúa afectado por una crisis prolongada vinculada a un conflicto que ha alterado los flujos energéticos globales durante más de cien días. El tráfico marítimo en esta vía estratégica se mantiene muy por debajo de sus niveles habituales, con estimaciones cercanas al 15 por ciento de su volumen previo. Esta ruta concentra una parte clave del petróleo y gas mundial, por lo que cualquier interrupción se traslada directamente a los precios de la energía y, en consecuencia, a los costes de producción agrícola y distribución de alimentos.
Los mercados de materias primas ya reflejan señales de tensión. El azúcar ha registrado aumentos significativos debido a preocupaciones sobre la producción en Brasil y al posible impacto de El Niño en India y Tailandia. Aunque otros índices alimentarios muestran estabilidad relativa, esa estabilidad oculta una volatilidad persistente provocada por la combinación de factores climáticos y energéticos que afectan a toda la cadena de suministro.
Los organismos de análisis advierten que estos choques simultáneos amplifican vulnerabilidades existentes en distintas regiones del mundo. América Latina y el Caribe aparecen entre las zonas más expuestas a riesgos de inseguridad alimentaria por la combinación de perturbaciones logísticas y sequías asociadas al fenómeno climático. Los expertos señalan la necesidad de tratar estos eventos como riesgos estructurales previsibles e integrarlos en las estrategias de seguridad alimentaria global.
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