Loewe viste con nuevas batas “segunda piel” al equipo de restauración del Museo del Prado
En el interior del Museo Nacional del Prado, lejos de las salas más concurridas, un grupo de conservadores especializados se ocupa de preservar obras esenciales de la historia del arte, como Las Meninas de Velázquez y El jardín de las delicias de El Bosco. Cada intervención exige un trabajo minucioso sobre superficies extremadamente frágiles, bajo una iluminación controlada y con herramientas de gran precisión, desde pinceles finísimos hasta bisturíes y lentes de aumento. Para este equipo, la indumentaria profesional no es un simple uniforme, sino una herramienta más de trabajo, descrita habitualmente como una “segunda piel” que acompaña a los restauradores durante horas ante el caballete o sobre andamios elevados.

La firma española Loewe ha decidido centrar su apoyo precisamente en esa prenda clave, diseñando nuevas batas de laboratorio específicamente para el departamento de restauración del Prado. El proyecto se ha desarrollado en diálogo directo con los conservadores, con el objetivo de adaptar cada detalle a las exigencias técnicas de la restauración. Las batas están confeccionadas con tejidos ligeros pero resistentes, capaces de soportar jornadas extensas de trabajo sin perder comodidad. Al mismo tiempo, los materiales son mates y no reflectantes para evitar brillos que puedan alterar la percepción del color o entorpecer la lectura de barnices y craquelados bajo focos intensos o luz rasante.
El diseño presta especial atención a la ergonomía y a la libertad de movimiento. Las mangas, hombros y costuras se han resuelto de forma que permitan alcanzar zonas altas de un lienzo o inclinarse sobre una mesa de trabajo sin que el tejido roce el soporte o los marcos. Las batas incorporan bolsillos de gran capacidad, algunos reforzados con piel de Loewe, concebidos para guardar pinceles largos, espátulas, herramientas de medición y otros utensilios que los restauradores necesitan tener a mano en todo momento. Esta organización facilita desplazarse por el taller, ajustar luces o consultar documentación sin abandonar la pieza en tratamiento, y reduce movimientos innecesarios alrededor de obras de gran valor.
En el contexto del Prado, la iniciativa pone de relieve la dimensión menos visible de la conservación. El área de restauración integra especialistas en conservación preventiva, análisis técnico y restauración propiamente dicha, que trabajan de forma coordinada para vigilar el estado de las colecciones y decidir cuándo intervenir. Desde el control de la humedad y la temperatura hasta el diseño de embalajes y soportes a medida, cada decisión busca prolongar la vida de las obras sin alterar su carácter. Las nuevas batas de Loewe se insertan en este entramado como un recurso cotidiano que incide directamente en la postura, la precisión de los gestos y la seguridad en el manejo de pinturas de varios siglos de antigüedad.

El proyecto se enmarca en una colaboración más amplia entre el museo y la Fundación Loewe, que en los últimos años ha promovido iniciativas culturales ligadas al Prado. Una de ellas es “Escribir el Prado”, programa de residencias que invita a escritores de prestigio a trabajar dentro del museo y a elaborar textos inspirados en sus colecciones. Con este tipo de acciones, la firma de moda consolida su papel como mecenas cultural, mientras el Prado refuerza vínculos con el mundo de la literatura, la artesanía y el diseño contemporáneo.
Durante una visita al taller de restauración, el equipo creativo de Loewe pudo observar de primera mano la concentración, la paciencia y el sentido de responsabilidad histórica que definen la labor de los conservadores. A partir de esa experiencia, describieron la creación de las nuevas batas como un gesto discreto de reconocimiento hacia quienes trabajan para que obras icónicas del Siglo de Oro español y de otras escuelas sigan siendo accesibles al público en condiciones óptimas. La intervención no modifica las obras, pero sí contribuye a mejorar las condiciones en las que se cuidan, subrayando que la conservación también pasa por atender a las necesidades de quienes la hacen posible.

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