La inflación de la zona euro sube al 1,9 por ciento mientras la crisis con Irán dispara la energía
La inflación de la zona euro repuntó en febrero en un contexto de fuerte tensión geopolítica en Oriente Medio y un encarecimiento acelerado de la energía que vuelve a poner presión sobre los precios en Europa. La estimación preliminar de Eurostat sitúa el alza interanual de los precios al consumo en el 1,9 por ciento, frente al 1,7 por ciento registrado en enero y por encima de las previsiones de los analistas que esperaban estabilidad. Aunque el dato se mantiene ligeramente por debajo del objetivo del 2 por ciento del Banco Central Europeo, supone la primera aceleración de la inflación general en varios meses.
Las tensiones de fondo también se intensifican. La inflación subyacente, que excluye energía y alimentos no elaborados, avanzó hasta el 2,4 por ciento desde el 2,2 por ciento del mes anterior, mientras que los servicios encarecieron su ritmo hasta el 3,4 por ciento. Los precios de los alimentos, el alcohol y el tabaco se mantuvieron en torno al 2,6 por ciento, y la energía siguió en terreno negativo, aunque la caída anual se redujo a aproximadamente el 3,2 por ciento frente al 4 por ciento de enero.
El dato se publica justo cuando la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán altera de forma brusca el suministro mundial de petróleo y gas. La ampliación de los ataques ha paralizado de facto el paso de petroleros por el estrecho de Ormuz, un corredor marítimo clave por el que transita en torno a una quinta parte del crudo que se comercia en el mundo. El barril de Brent llegó a subir más de un 7 por ciento el lunes, superando por momentos los 80 dólares, y encadenó su tercera sesión consecutiva al alza el martes.
El gas natural europeo ha sufrido un impacto aún más brusco. Los futuros de referencia holandeses TTF llegaron a dispararse hasta un 45 por ciento después de que QatarEnergy detuviera la producción de gas natural licuado en su complejo de North Field tras un ataque, en el mayor salto diario desde agosto de 2023, según Bloomberg. Teherán ha avisado a los barcos de que la navegación por el estrecho no es segura y los datos de seguimiento por satélite muestran que el tránsito de petroleros se ha reducido prácticamente a cero durante el fin de semana.
El Banco Central Europeo ha empezado a calibrar el posible impacto sobre los precios y la actividad. Su economista jefe, Philip Lane, advirtió en una entrevista con el Financial Times de que una guerra prolongada podría provocar un fuerte repunte de la inflación impulsada por la energía y una caída marcada de la producción si persisten las interrupciones de suministro. Estudios de sensibilidad previos del propio BCE calculan que un encarecimiento duradero del petróleo de esta magnitud sumaría alrededor de medio punto porcentual a la inflación de la zona euro y restaría en torno a una décima al crecimiento.
El consejero Yannis Stournaras pidió prudencia y flexibilidad, al señalar que el desenlace dependerá de cuánto se prolongue y se extienda el conflicto. Según afirmó en declaraciones recogidas por Reuters, unas negociaciones rápidas favorecerían una desescalada, mientras que un enfrentamiento duradero mantendría la presión alcista sobre los precios. Por el momento, los mercados siguen descontando que el tipo de depósito del 2 por ciento del BCE se mantendrá estable durante el resto de 2026, lo que refleja la expectativa de que la institución solo reaccionará si el choque energético se traslada a la inflación subyacente.
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