Irán: Moscú rechaza las sanciones estadounidenses, Islamabad aclara su posición
La nueva ofensiva económica lanzada por Washington contra Irán provoca ya reacciones contrastantes entre los socios y vecinos de Teherán. Mientras que Rusia rechaza abiertamente el uso de sanciones unilaterales, Pakistán adopta una posición más prudente, buscando sobre todo preservar su papel de mediador entre Washington y Teherán.
Washington endurece la presión económica sobre Teherán
El 24 de agosto, el secretario estadounidense del Tesoro, Scott Bessent, anunció el lanzamiento de la "Operación Economic Outcast", presentada por la administración de Donald Trump como una vasta campaña destinada a cortar las últimas fuentes de ingresos que permiten a Irán mantener sus redes económicas internacionales. El dispositivo apunta especialmente a los activos digitales, las tecnologías, el oro, la aviación y el transporte marítimo. Washington también anunció sanciones contra más de 60 personas, empresas y barcos sospechosos de contribuir a los ingresos petroleros iraníes, a la adquisición de tecnologías sensibles o a las operaciones cibernéticas de Teherán.
El objetivo declarado por los Estados Unidos es presionar no solo a Irán, sino también a los actores extranjeros que continúan comerciando con la República Islámica. Washington amenaza así con extender las sanciones secundarias a empresas e instituciones extranjeras que faciliten las transacciones iraníes.
Esta estrategia marca un desplazamiento del esfuerzo estadounidense hacia el terreno económico, mientras que el conflicto con Irán entra en una fase prolongada y los intentos de resolución diplomática siguen bloqueados.
Moscú rechaza las sanciones unilaterales
Rusia ha mostrado rápidamente su oposición a esta nueva ofensiva. La portavoz del ministerio ruso de Asuntos Exteriores, Maria Zakharova, declaró el 27 de agosto que Moscú rechaza categóricamente el uso de medidas unilaterales y coercitivas que considera contrarias a la Carta de las Naciones Unidas.
La diplomática rusa también indicó que Moscú pretende trabajar con Irán y otros países para reducir la presión ejercida por los regímenes de sanciones internacionales. Esta posición se inscribe en la línea diplomática tradicional de Rusia, que durante varios años ha cuestionado el uso de sanciones extraterritoriales por parte de los Estados Unidos.
Más allá de la declaración de principio, la posición rusa subraya sobre todo la dificultad para Washington de construir una coalición internacional lo suficientemente amplia en torno a su estrategia de presión máxima.
Pakistán rectifica su posición
El caso de Pakistán es sensiblemente diferente. Comentarios atribuidos a funcionarios paquistaníes habían sido inicialmente interpretados como un rechazo a las sanciones estadounidenses y como la confirmación de la voluntad de Islamabad de continuar sus intercambios comerciales con Teherán.
Sin embargo, las autoridades paquistaníes rápidamente aportaron una aclaración. En una aclaración publicada el 27 de agosto, Islamabad indicó que estas declaraciones habían sido "mal interpretadas". Pakistán precisa que no comenta, por principio, el régimen de sanciones estadounidense dirigido a Irán y que se abstiene de proponer una interpretación.
Esta matización es importante: a diferencia de Rusia, Pakistán no se presenta como un opositor directo a la campaña estadounidense. Islamabad busca más bien conservar una posición de mediador entre las dos partes, privilegiando el diálogo, la desescalada y una solución negociada.
Esta postura también se explica por la proximidad geográfica de Pakistán con Irán y por los riesgos que una agravación del conflicto podría representar para la estabilidad regional.
Beijing constituye el principal desafío para Washington
China aparece como uno de los principales puntos de tensión de la nueva estrategia estadounidense. Beijing ha denunciado las sanciones unilaterales y afirmado que su cooperación económica con Irán se lleva a cabo dentro del marco del derecho internacional.
El ministerio chino de Asuntos Exteriores también ha advertido que tomará las medidas necesarias para defender sus intereses. China sigue siendo un socio económico importante de Irán y un comprador esencial de su petróleo.
Washington se encuentra así ante un dilema: aumentar la presión sobre las empresas chinas que comercian con Irán podría incrementar considerablemente la efectividad de las sanciones, pero al mismo tiempo podría abrir un nuevo frente en las relaciones sino-estadounidenses.
Esta prudencia explica, entre otras cosas, por qué las grandes instituciones financieras chinas no han sido directamente apuntadas en la primera ronda anunciada por el Tesoro estadounidense. Varios analistas estiman que Washington busca por ahora presionar a Beijing sin provocar una confrontación económica de mayor envergadura.
Teherán denuncia una "guerra económica"
Por parte iraní, la respuesta es sin ambigüedades. El ministro de Asuntos Exteriores Abbas Araghchi ha dirigido a las Naciones Unidas para denunciar la nueva campaña estadounidense. En una carta dirigida al secretario general de la ONU, António Guterres, solicitó una reacción internacional contra las medidas estadounidenses y su rechazo por parte de los Estados miembros. Teherán presenta estas sanciones como una forma de "terrorismo económico" y reclama la reparación de los daños que atribuye a las medidas estadounidenses.
El presidente iraní Masoud Pezeshkian también ha rechazado la idea de que la presión económica pueda obligar a su país a ceder. Para las autoridades iraníes, las sanciones constituyen una estrategia ya probada desde hace años y que no ha permitido a Washington obtener los cambios políticos buscados.
El estrecho de Ormuz en el centro de las tensiones
La dimensión económica de esta confrontación supera con creces las relaciones entre Washington y Teherán. El estrecho de Ormuz sigue siendo el centro de las preocupaciones internacionales debido a su importancia para las exportaciones energéticas mundiales.
La perturbación prolongada del tráfico marítimo en esta zona afecta a los mercados petroleros y gaseros y aumenta los riesgos para las cadenas de suministro. Los Estados de la región buscan, por lo tanto, evitar una escalada duradera que podría tener consecuencias mucho más allá del Medio Oriente. Discusiones que involucran a Omán y Pakistán participan en estos esfuerzos de desescalada.
En este contexto, las sanciones estadounidenses añaden una nueva dimensión a una crisis ya militar, diplomática y energética.
Una estrategia estadounidense confrontada a resistencias
La administración Trump espera que la presión financiera acelere las concesiones iraníes. Pero la reacción de Moscú, la prudencia estratégica de Islamabad y sobre todo la resistencia de Beijing muestran los límites de una estrategia basada en la adhesión de los socios comerciales de Irán.
La cuestión central será a partir de ahora la aplicación concreta de las sanciones secundarias. Washington deberá determinar hasta dónde está dispuesto a llegar para sancionar a actores extranjeros, arriesgándose a provocar tensiones con algunas de las principales potencias comerciales del mundo.
Por ahora, Rusia muestra una oposición clara, Pakistán privilegia la mediación y China defiende sus intereses económicos. En cuanto a Irán, se niega a ceder públicamente a la presión. La nueva ofensiva estadounidense abre, por lo tanto, una fase en la que la batalla en torno a Irán se libra tanto en las redes financieras y comerciales como en el terreno diplomático.
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