Estados Unidos e Israel intensifican su ofensiva contra Irán y desatan represalias regionales
Estados Unidos e Israel han puesto en marcha una campaña militar coordinada de gran envergadura contra Irán que ha provocado la muerte del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, y ha destruido partes clave de la cadena de mando político y militar del país, abriendo una nueva fase de inestabilidad en Oriente Medio. Washington presenta la operación como un esfuerzo para reducir de forma duradera las capacidades nucleares y de misiles de Irán, mientras que las autoridades iraníes califican los ataques de agresión ilegal y prometen responder mientras continúen los bombardeos.
La ofensiva comenzó con una oleada de bombardeos israelíes a plena luz del día contra sistemas de defensa aérea, centros de mando, bases de la Guardia Revolucionaria y emplazamientos vinculados a los programas de misiles y enriquecimiento de uranio iraníes. Mandos israelíes afirman que sus fuerzas han alcanzado centenares de objetivos repartidos por gran parte del territorio iraní y aseguran haber logrado un control casi completo del espacio aéreo, facilitando nuevas incursiones. Jamenei murió cuando munición guiada de precisión impactó en su complejo residencial en Teherán, según medios iraníes y fuentes occidentales, un hecho que deja en suspenso la cuestión de quién concentrará el poder en la República Islámica en plena guerra.
Pocas horas después, Estados Unidos se sumó a la operación con lanzamientos de misiles de crucero desde buques desplegados en la región y ataques de bombarderos de largo alcance contra instalaciones consideradas estratégicas por el Pentágono. Las fuerzas estadounidenses han atacado radares, centros de comunicaciones, depósitos de armas y plataformas de lanzamiento de misiles con el objetivo declarado de impedir nuevos disparos contra sus tropas y aliados. El presidente Donald Trump sostiene que se han golpeado “cientos de objetivos” en Irán, incluidas infraestructuras de la Guardia Revolucionaria y unidades navales, y advierte de que la campaña continuará mientras persista lo que describe como una amenaza inaceptable.
Teherán ha contestado con su propia ofensiva mediante misiles balísticos y drones armados dirigidos contra Israel, bases estadounidenses y países del Golfo que albergan tropas de Estados Unidos o se encuentran en las rutas de vuelo y navegación. Misiles o restos de interceptaciones han impactado en aeropuertos internacionales y zonas de rascacielos en ciudades como Dubái, Doha, Manama y la capital de Kuwait, además de áreas industriales y portuarias que sostienen el comercio regional. Las autoridades de Emiratos Árabes Unidos y Kuwait informan de la interceptación de numerosos proyectiles, pero reconocen que varios alcanzaron barrios residenciales y centros comerciales, causando la muerte de al menos tres personas en Emiratos y decenas de heridos en distintos Estados del Golfo. El mando central estadounidense ha confirmado bajas mortales y heridos entre su personal destacado en la región y advierte de que el número podría aumentar si se prolonga el intercambio de fuego.
Dentro de Irán, la Media Luna Roja cifra en al menos 555 los fallecidos desde el inicio de los ataques, con más de un centenar de ciudades y regiones afectadas por las bombas. Equipos de rescate trabajan entre edificios derrumbados y barrios gravemente dañados, sobre todo en Teherán, que ha sufrido repetidas rondas de bombardeos. Dirigentes iraníes describen las operaciones de Estados Unidos e Israel como “terrorismo de Estado” y aseguran que las bases y activos estadounidenses en toda la zona seguirán siendo objetivos mientras continúe la campaña. Portavoces vinculados a los Guardianes de la Revolución han prometido una respuesta prolongada y han insinuado que el conflicto podría ampliarse a otros frentes si no cesan los ataques.
La escalada ha sacudido a los gobiernos del Golfo, que durante años han intentado combinar su alianza de seguridad con Washington con canales de diálogo y comercio con Teherán. Todos los países del Consejo de Cooperación del Golfo se han visto ya afectados, bien por impactos directos, bien por restos de interceptaciones o por la suspensión abrupta de vuelos y rutas marítimas a través de sus principales nodos logísticos. Aerolíneas internacionales han cancelado o desviado numerosas rutas sobre Oriente Medio, dejando casi vacío el espacio aéreo iraní y complicando el transporte de pasajeros y mercancías en varias direcciones. Los daños y las interrupciones en aeropuertos como Dubái, Abu Dabi y Kuwait, junto con los informes sobre ataques cerca de instalaciones petroleras y puertos, alimentan el temor a un impacto más amplio en los mercados energéticos si el conflicto se prolonga.
En Estados Unidos, responsables políticos y militares describen esta fase como una campaña aérea y naval prolongada destinada a debilitar el arsenal de misiles iraní y disuadir nuevas agresiones contra soldados y socios de Washington. También reconocen el riesgo de que la caída de un avión de combate o un ataque con numerosas víctimas mortales acelere aún más la escalada y reduzca el margen para la diplomacia. Los dirigentes israelíes señalan que pretenden seguir golpeando infraestructuras vinculadas a los misiles, drones y actividades nucleares iraníes, al tiempo que animan abiertamente a la población iraní a desafiar al liderazgo del país en medio del caos. Sin señales de negociación y con advertencias cruzadas sobre nuevas acciones, millones de habitantes en Irán, el Golfo y otros puntos de la región se preparan para semanas de alarmas aéreas, ataques con misiles y una creciente incertidumbre sobre hasta dónde escalará la confrontación.
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