El sector eólico español alerta que un impuesto europeo podría frenar inversiones
Los ministros de Finanzas de Alemania, Italia, España, Portugal y Austria han pedido a la Comisión Europea que establezca un impuesto a las ganancias extraordinarias de las empresas energéticas en toda la Unión Europea, en respuesta al fuerte aumento de los precios del gas y el petróleo.
En una carta fechada el 3 de abril y dirigida al comisario europeo de Clima, Wopke Hoekstra, los responsables económicos propusieron un mecanismo común para redistribuir los beneficios obtenidos en el contexto de la crisis energética hacia medidas de apoyo a los consumidores. Los precios del gas en Europa han subido más de un 70 por ciento desde finales de febrero, cuando se intensificaron las tensiones militares en Oriente Medio.
La propuesta retoma el precedente de 2022, cuando la Unión Europea aplicó una contribución solidaria que permitió recaudar cerca de 28.000 millones de euros de las compañías de combustibles fósiles tras la invasión rusa de Ucrania. En esta ocasión, los ministros plantean un sistema más preciso que incluya a grandes multinacionales y contemple beneficios obtenidos fuera del territorio europeo.
El objetivo es financiar ayudas temporales para los hogares y contener la inflación sin aumentar el gasto público. La Comisión Europea confirmó que recibió la carta y que mantiene consultas con los Estados miembros sobre posibles medidas.
El plan ha generado críticas en el sector de las energías renovables. La Asociación Empresarial Eólica advirtió que nuevas cargas fiscales sobre el sector eléctrico pueden generar inseguridad jurídica y frenar la inversión en tecnologías clave como la energía eólica.
Algunos análisis coinciden en este riesgo. La firma Kavout señaló que el impuesto podría reducir el capital disponible para proyectos renovables y dificultar los esfuerzos de la Unión Europea para reducir su dependencia de los combustibles fósiles importados.
La presión energética sigue aumentando en Europa. El comisario de Energía, Dan Jørgensen, afirmó que los precios del gas y el petróleo no volverán a niveles normales a corto plazo. Desde el inicio de la crisis, el gas ha subido alrededor de un 70 por ciento y el petróleo cerca de un 60 por ciento.
Las limitaciones de suministro agravan la situación. El estrecho de Ormuz permanece en gran medida inaccesible y las reservas de gas europeas están en niveles bajos tras un invierno exigente. El barril de Brent ronda los 100 dólares, frente a unos 70 antes del conflicto.
Economistas sostienen que los impuestos a beneficios extraordinarios pueden justificarse cuando las ganancias derivadas de crisis afectan directamente a los consumidores.
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